Juan, capítulo 17

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Oración de Jesús por sí mismo

1 Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
«Padre, ha llegado la hora:
glorifica a tu Hijo
para que el Hijo te glorifique a ti,
2 ya que le diste autoridad sobre todos los hombres,
para que él diera Vida eterna
a todos los que tú le has dado.
3 Esta es la Vida eterna:
que te conozcan a ti,
el único Dios verdadero,
y a tu Enviado, Jesucristo.
4 Yo te he glorificado en la tierra,
llevando a cabo la obra
que me encomendaste.
5 Ahora, Padre, glorifícame junto a ti,
con la gloria que yo tenía contigo
antes que el mundo existiera.

Oración de Jesús por sus discípulos

6 Manifesté tu Nombre
a los que separaste del mundo para confiármelos.
Eran tuyos y me los diste,
y ellos fueron fieles a tu palabra.
7 Ahora saben
que todo lo que me has dado viene de ti,
8 porque les comuniqué las palabras que tú me diste:
ellos han reconocido verdaderamente
que yo salí de ti,
y han creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos:
no ruego por el mundo,
sino por los que me diste,
porque son tuyos.
10 Todo lo mío es tuyo
y todo lo tuyo es mío,
y en ellos he sido glorificado.
11 Ya no estoy más en el mundo,
pero ellos están en él;
y yo vuelvo a ti.
Padre santo,
cuídalos en tu Nombre
–el Nombre que tú me diste–
para que sean uno, como nosotros.
12 Mientras estaba con ellos,
yo los cuidaba en tu Nombre
–el Nombre que tú me diste–
yo los protegía
y no se perdió ninguno de ellos,
excepto el que debía perderse,
para que se cumpliera la Escritura.
13 Pero ahora voy a ti,
y digo esto estando en el mundo,
para que mi gozo sea el de ellos
y su gozo sea perfecto.
14 Yo les comuniqué tu palabra,
y el mundo los odió
porque ellos no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.
15 No te pido que los saques del mundo,
sino que los preserves del Maligno.
16 Ellos no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.
17 Conságralos en la verdad:
tu palabra es verdad.
18 Así como tú me enviaste al mundo,
yo también los envío al mundo.
19 Por ellos me consagro,
para que también ellos
sean consagrados en la verdad.

Oración de Jesús por todos los que creen en él

20 No ruego solamente por ellos,
sino también por los que, gracias a su palabra,
creerán en mí.
21 Que todos sean uno:
como tú, Padre, estás en mí
y yo en ti,
que también ellos estén en nosotros,
para que el mundo crea
que tú me enviaste.
22 Yo les he dado la gloria
que tú me diste,
para que sean uno,
como nosotros somos uno
23 –yo en ellos y tú en mí–
para que sean perfectamente uno
y el mundo conozca
que tú me has enviado,
y que los has amado a ellos
como me amaste a mí.
24 Padre, quiero que los que tú me diste
estén conmigo donde yo esté,
para que contemplen la gloria que me has dado,
porque ya me amabas
antes de la creación del mundo.
25 Padre justo,
el mundo no te ha conocido,
pero yo te conocí,
y ellos reconocieron
que tú me enviaste.
26 Les di a conocer tu Nombre,
y se lo seguiré dando a conocer,
para que el amor con que tú me amaste
esté en ellos,
y yo también esté en ellos». (Juan (BPD) 17).





Juan, capítulo 16

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1 Les he dicho esto para que no se escandalicen.
2 Serán echados de las sinagogas,
más aún, llegará la hora
en que los mismos que les den muerte
pensarán que tributan culto a Dios.
3 Y los tratarán así
porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
4 Les he advertido esto
para que cuando llegue esa hora,
recuerden que ya lo había dicho.

La misión del Espíritu Santo

No les dije estas cosas desde el principio,
porque yo estaba con ustedes.
5 Ahora me voy al que me envió,
y ninguno de ustedes me pregunta: “¿A dónde vas?”.
6 Pero al decirles esto,
ustedes se han entristecido.
7 Sin embargo, les digo la verdad:
les conviene que yo me vaya,
porque si no me voy,
el Paráclito no vendrá a ustedes.
Pero si me voy,
se lo enviaré.
8 Y cuando él venga,
probará al mundo
dónde está el pecado,
dónde está la justicia
y cuál es el juicio.
9 El pecado está en no haber creídoen mí.
10 La justicia, en que yo me voy al Padre
y ustedes ya no me verán.
11 Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo
ya ha sido condenado.
12 Todavía tengo muchas cosas que decirles,
pero ustedes no las pueden comprender ahora.
13 Cuando venga el Espíritu de la Verdad,
él los introducirá en toda la verdad,
porque no hablará por sí mismo,
sino que dirá lo que ha oído
y les anunciará lo que irá sucediendo.
14 Él me glorificará,
porque recibirá de lo mío
y se lo anunciará a ustedes.
15 Todo lo que es del Padre es mío.
Por eso les digo:
“Recibirá de lo mío
y se lo anunciará a ustedes”.

La vuelta de Jesús al Padre

16 Dentro de poco, ya no me verán,
y poco después, me volverán a ver».
17 Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: «¿Qué significa esto que nos dice: “Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver”? ¿Y qué significa: “Yo me voy al Padre”?». 18 Decían: «¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir». 19 Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: «Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras:
“Dentro de poco, ya no me verán,
y poco después, me volverán a ver”.
20 Les aseguro
que ustedes van a llorar y se van a lamentar;
el mundo, en cambio, se alegrará.
Ustedes estarán tristes,
pero esa tristeza se convertirá en gozo.
21 La mujer, cuando va a dar a luz,
siente angustia porque le llegó la hora;
pero cuando nace el niño,
se olvida de su dolor,
por la alegría que siente
al ver que ha venido un hombre al mundo.
22 También ustedes ahora están tristes,
pero yo los volveré a ver,
y tendrán una alegría
que nadie les podrá quitar.
23 Aquel día
no me harán más preguntas.
Les aseguro
que todo lo que pidan al Padre,
él se lo concederá en mi Nombre.
24 Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre.
Pidan y recibirán,
y tendrán una alegría que será perfecta.
25 Les he dicho todo esto por medio de parábolas.
Llega la hora
en que ya no les hablaré por medio de parábolas,
sino que les hablaré claramente del Padre.
26 Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre;
y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes,
27 ya que él mismo los ama,
porque ustedes me aman
y han creído que yo vengo de Dios.
28 Salí del Padre y vine al mundo.
Ahora dejo el mundo y voy al Padre».
29 Sus discípulos le dijeron: «Por fin hablas claro y sin parábolas. 30 Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios». 31 Jesús les respondió:
«¿Ahora creen?
32 Se acerca la hora, y ya ha llegado,
en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado,
y me dejarán solo.
Pero no, no estoy solo,
porque el Padre está conmigo.
33 Les digo esto
para que encuentren la paz en mí.
En el mundo tendrán que sufrir;
pero tengan valor:
yo he vencido al mundo». (Juan (BPD) 16).





Juan, capítulo 15

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Jesús, la verdadera vid

15  1 Yo soy la verdadera vidy mi Padre es el viñador.
2 Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto;
al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.
3 Ustedes ya están limpios
por la palabra que yo les anuncié.
4 Permanezcan en mí,
como yo permanezco en ustedes.
Así como el sarmiento no puede dar fruto
si no permanece en la vid,
tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
5 Yo soy la vid,
ustedes los sarmientos.
El que permanece en mí, y yo en él,
da mucho fruto,
porque separados de mí, nada pueden hacer.
6 Pero el que no permanece en mí,
es como el sarmiento que se tira y se seca;
después se recoge, se arroja al fuego y arde.
7 Si ustedes permanecen en mí
y mis palabras permanecen en ustedes,
pidan lo que quieran
y lo obtendrán.
8 La gloria de mi Padre consiste
en que ustedes den fruto abundante,
y así sean mis discípulos.
9 Como el Padre me amó,
también yo los he amado a ustedes.
Permanezcan en mi amor.
10 Si cumplen mis mandamientos,
permanecerán en mi amor,
como yo cumplí los mandamientos de mi Padre
y permanezco en su amor.
11 Les he dicho esto
para que mi gozo sea el de ustedes,
y ese gozo sea perfecto.

El mandamiento del amor

12 Este es mi mandamiento:
Ámense los unos a los otros,
como yo los he amado.
13 No hay amor más grande
que dar la vida por los amigos.
14 Ustedes son mis amigos
si hacen lo que yo les mando.
porque les he dado a conocer
todo lo que oí de mi Padre.
16 No son ustedes los que me eligieron a mí,
sino yo el que los elegí a ustedes,
y los destiné para que vayan y den fruto,
y ese fruto sea duradero.
Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre,
él se lo concederá.
17 Lo que yo les mando
es que se amen los unos a los otros.

El odio del mundo

18 Si el mundo los odia,
sepan que antes me ha odiado a mí.
19 Si ustedes fueran del mundo,
el mundo los amaría como cosa suya.
Pero como no son del mundo,
sino que yo los elegí y los saqué de él,
el mundo los odia.
20 Acuérdense de lo que les dije:
el servidor no es más grande que su señor.
Si me persiguieron a mí,
también los perseguirán a ustedes;
si fueron fieles a mi palabra,
también serán fieles a la de ustedes.
21 Pero los tratarán así a causa de mi Nombre,
porque no conocen al que me envió.
22 Si yo no hubiera venido
ni les hubiera hablado,
no tendrían pecado;
pero ahora su pecado no tiene disculpa.
23 El que me odia, odia también a mi Padre.
24 Si yo no hubiera hecho entre ellos
obras que ningún otro realizó,
no tendrían pecado.
Pero ahora las han visto,
y sin embargo, me odian a mí y a mi Padre,
25 para que se cumpla lo que está escrito en la Ley:
Me han odiado sin motivo.
26 Cuando venga el Paráclito
que yo les enviaré desde el Padre,
el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre,
él dará testimonio de mí.
27 Y ustedes también dan testimonio,
porque están conmigo desde el principio. (Juan (BPD) 15).





Juan, capítulo 14

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Jesús, camino hacia el Padre

1 «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
2 En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones;
si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes.
Yo voy a prepararles un lugar.
3 Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar,
volveré otra vez para llevarlos conmigo,
a fin de que donde yo esté,
estén también ustedes.
4 Ya conocen el camino del lugar adonde voy».
5 Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?». 6 Jesús le respondió:
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí.
7 Si ustedes me conocen,conocerán también a mi Padre.
Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».

Jesús, revelación del Padre

8 Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». 9 Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?
El que me ha visto, ha visto al Padre.
¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”?
10 ¿No crees
que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?
Las palabras que digo no son mías:
el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
11 Créanme:
yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.
Créanlo, al menos, por las obras.
12 Les aseguro
que el que cree en mí
hará también las obras que yo hago,
y aun mayores,
porque yo me voy al Padre.
13 Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre,
para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14 Si ustedes me piden algo en mi Nombre,
yo lo haré.

La promesa del Espíritu Santo

15 Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
16 Y yo rogaré al Padre,
y él les dará otro Paráclito
para que esté siempre con ustedes:
17 el Espíritu de la Verdad,
a quien el mundo no puede recibir,
porque no lo ve ni lo conoce.
Ustedes, en cambio, lo conocen,
porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
18 No los dejaré huérfanos,
volveré a ustedes.
19 Dentro de poco el mundo ya no me verá,
pero ustedes sí me verán,
porque yo vivo y también ustedes vivirán.
20 Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre,
y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
21 El que recibe mis mandamientos y los cumple,
ese es el que me ama;
y el que me ama será amado por mi Padre,
y yo lo amaré y me manifestaré a él».
22 Judas –no el Iscariote– le dijo: «Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?». 23 Jesús le respondió:
«El que me ama
será fiel a mi palabra,
y mi Padre lo amará;
iremos a él
y habitaremos en él.
24 El que no me ama no es fiel a mis palabras.
La palabra que ustedes oyeron no es mía,
sino del Padre que me envió.
25 Yo les digo estas cosas
mientras permanezco con ustedes.
26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo,
que el Padre enviará en mi Nombre,
les enseñará todo
y les recordará lo que les he dicho.
27 Les dejo la paz,
les doy mi paz,
pero no como la da el mundo.
¡No se inquieten ni teman!
28 Me han oído decir:
“Me voy y volveré a ustedes”.
Si me amaran,
se alegrarían de que vuelva junto al Padre,
porque el Padre es más grande que yo.
29 Les he dicho esto antes que suceda,
para que cuando se cumpla, ustedes crean.
30 Ya no hablaré mucho más con ustedes,
porque está por llegar el Príncipe de este mundo:
él nada puede hacer contra mí,
31 pero es necesario que el mundo sepa
que yo amo al Padre
y obro como él me ha ordenado.
Levántense, salgamos de aquí. (Juan (BPD) 14).





Juan, capítulo 13

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EL LIBRO DE LA «HORA» DE JESÚS

LA ÚLTIMA CENA

El lavatorio de los pies

1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, 3 sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, 4 se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
6 Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?». 7 Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás». 8 «No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!». Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte». 9 «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!». 10 Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos». 11 Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios».
12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. 14 Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.
16 Les aseguro
que el servidor no es más grande que su señor,
ni el enviado más grandeque el que lo envía.
17 Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. 18 No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice:
El que comparte mi pan
se volvió contra mí.
19 Les digo esto desde ahora,
antes que suceda,
para que cuando suceda,
crean que Yo Soy.
20 Les aseguro
que el que reciba al que yo envíe,
me recibe a mí,
y el que me recibe, recibe al que me envió».

El anuncio de la traición de Judas

Mt. 26. 21-25  Mc. 14. 18-21  Lc. 22. 21-23
21 Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente:
«Les aseguro
que uno de ustedes me entregará».
22 Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. 23 Uno de ellos –el discípulo al que Jesús amaba– estaba reclinado muy cerca de Jesús. 24 Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere». 25Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?». 26 Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato». Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. 27 En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer». 28 Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. 29 Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres. 30 Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.La despedida de Jesús: el anuncio de su glorificación
31 Después que Judas salió, Jesús dijo:
«Ahora el Hijo del hombreha sido glorificado
y Dios ha sido glorificado en él.
32 Si Dios ha sido glorificado en él,
también lo glorificará en sí mismo,
y lo hará muy pronto.
33 Hijos míos,
ya no estaré mucho tiempo con ustedes.
Ustedes me buscarán,
pero yo les digo ahora
lo mismo que dije a los judíos:
“A donde yo voy,
ustedes no pueden venir”.

El mandamiento nuevo

34 Les doy un mandamiento nuevo:
ámense los unos a los otros.
Así como yo los he amado,
ámense también ustedes los unos a los otros.
35 En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos:
en el amor que se tengan los unos a los otros».

El anuncio de las negaciones de Pedro

Mt. 26. 33-35  Mc. 14. 29-31  Lc. 22. 33-34
36 Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás». 37 Pedro le preguntó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». 38 Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces». (Juan (BPD) 13).





Juan, capítulo 12

3

La unción de Jesús en Betania

Mt. 26. 6-13  Mc. 14. 3-9
1 Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. 2 Allí le prepararon un cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. 3 María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. 4 Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: 5 «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?». 6 Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. 7 Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. 8 A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre».
9 Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. 10 Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, 11 porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

La entrada mesiánicade Jesús en Jerusalén

Mt. 21. 1-9  Mc. 11. 1-10  Lc. 19. 28-38
12 Al día siguiente, la gran multitud que había venido para la fiesta, se enteró de que Jesús se dirigía a Jerusalén. 13 Y, tomando hojas de palmera, salieron a su encuentro y lo aclamaban diciendo:
«¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor,
el rey de Israel!».
14 Al encontrar un asno, Jesús montó sobre él, conforme a lo que está escrito:
15 No temas, hija de Sión;
ya viene tu rey,
montado sobre la cría de un asna.
16 Al comienzo, sus discípulos no comprendieron esto. Pero cuando Jesús fue glorificado, recordaron que todo lo que le había sucedido era lo que estaba escrito acerca de él. 17 La multitud que había estado con Jesús cuando ordenó a Lázaro que saliera del sepulcro y lo resucitó, daba testimonio de él. 18 Por eso la gente salió a su encuentro, porque se enteraron del signo que había realizado. 19 Los fariseos se dijeron unos a otros: «¿Ven que no adelantamos nada? Todo el mundo lo sigue».

La glorificación de Jesús por medio de la muerte

20 Entre los que habían subido para adorar durante la fiesta, había unos griegos 21 que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: «Señor, queremos ver a Jesús». 22 Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. 23 Él les respondió:
«Ha llegado la hora
en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.
24 Les aseguro que
si el grano de trigo que cae en la tierra no muere,
queda solo;
pero si muere,
da mucho fruto.
25 El que tiene apego a su vida la perderá;
y el que no está apegado a su vida en este mundo,
la conservará para la Vida eterna.
26 El que quiera servirme, que me siga,
y donde yo esté, estará también mi servidor.
El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.
27 Mi alma ahora está turbada.
¿Y qué diré:
“Padre, líbrame de esta hora”?
¡Si para eso he llegado a esta hora!
28 ¡Padre, glorifica tu Nombre!».
Entonces se oyó una voz del cielo: «Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar».
29 La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel». 30 Jesús respondió: «Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes.
31 Ahora ha llegado el juicio de este mundo,
ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera;
32 y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra,
atraeré a todos hacia mí».
33 Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir. 34 La multitud le respondió: «Sabemos por la Ley que el Mesías permanecerá para siempre. ¿Cómo puedes decir: “Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto”? ¿Quién es ese Hijo del hombre?». 35 Jesús les respondió:
«La luz está todavía entre ustedes,
pero por poco tiempo.
Caminen mientras tengan la luz,
no sea que las tinieblas los sorprendan:
porque el que camina en tinieblasno sabe a dónde va.
36 Mientras tengan luz,
crean en la luz
y serán hijos de la luz».

La fe y la incredulidad

Después de hablarles así, Jesús se fue y se ocultó de ellos. 37 A pesar de los muchos signos que hizo en su presencia, ellos no creyeron en él. 38 Así debía cumplirse el oráculo del profeta Isaías, que dice:
Señor, ¿quién ha creído en nuestra palabra?
¿A quién fue revelado el poder del Señor?
39 Ellos no podían creer, porque como dijo también Isaías:
40 El ha cegado sus ojos
y ha endurecido su corazón,
para que sus ojos no vean
y su corazón no comprenda,
para que no se conviertan
ni yo los cure.
41 Isaías dijo esto, porque vio la gloria de Jesús y habló acerca de él. 42 Sin embargo, muchos creyeron en él, aun entre las autoridades, pero a causa de los fariseos no lo manifestaban, para no ser expulsados de la sinagoga. 43 Preferían la gloria de los hombres a la gloria de Dios.
44 Jesús exclamó:
«El que cree en mí,
en realidad no cree en mí,
sino en aquel que me envió.
45 Y el que me ve,
ve al que me envió.
46 Yo soy la luz,
y he venido al mundo
para que todo el que crea en mí
no permanezca en las tinieblas.
47 Al que escucha mis palabras y no las cumple,
yo no lo juzgo,
porque no vine a juzgar al mundo,
sino a salvarlo.
48 El que me rechaza y no recibe mis palabras,
ya tiene quien lo juzgue:
la palabra que yo he anunciado
es la que lo juzgará en el último día.
49 Porque yo no hablé por mí mismo:
el Padre que me ha enviado
me ordenó lo que debía decir y anunciar;
50 y yo sé que su mandato es Vida eterna.
Las palabras que digo,
las digo como el Padre me lo ordenó». (Juan (BPD) 12).





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